Manifiesto AR

A lo largo de la historia los actos más nobles y dignos de la humanidad han sido realizados por aquellos que, pese a las condiciones adversas, han decidido actuar por el bien de los demás.

A la inversa, los episodios más repugnantes y vergonzosos de nuestra especie han sido liderados por un puñado de personajes que se han hecho con el poder gracias a la inacción e indecisión de las mayorías. Pues el poder se compone de sólo dos factores: de sus lacayos, pero sobre todo, de personas que no se oponen a sus abusos.

Para justificar sus vilezas y mantener a las mayorías bajo su sombra, han inventado ideologías y tergiversado el conocimiento. Hablan de individualismo metodológico, de leyes de mercado, de superioridad biológica o cultural, y con ello nos han arrojado a la jaula de la soledad, el rencor, la ansiedad, la depresión, el cinismo, la miseria y la desilusión.

Han explotando nuestros sentimientos más básicos de miedo e irritación. Ellos inventaron ideologías para justificarse, pero nosotros las aceptamos, e incluso las defendemos.

Nacimos en medio de un mundo decadente y nos hicieron creer que no hay esperanza. Pero la esperanza siempre han sido quienes toman la responsabilidad de su futuro en sus manos en lugar de delegarla a otros.

En la historia siempre han existido generaciones gloriosas que no se conforman con un mundo sumido en la corrupción y la destrucción. Con el pasar del tiempo, los envilecidos se aprovechan de los logros de estas generaciones y tergiversan su legado para volver a hacerse con el poder. La independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa se levantaron contra el poder monárquico y defendieron la libertad, aunque pronto nuevas élites vaciaron de sentido estos ideales haciendo de estás naciones, junto con el Reino Unido, las más grandes exponentes del esclavismo. La Revolución haitiana fue  la vanguardia de la liberación de América, y el racismo no tardó en asfixiarla. En México la Revolución degradó hasta la decadencia priísta, y ejemplos semejantes hay en el resto del mundo, desde la historia antigua hasta nuestra era.

En cada país y en cada continente esto se replica, pero, al igual que toda fruta tarde o temprano se pudre, también deja sus semillas. Y la humanidad ha logrado, aunque con retrocesos, mantener un grado mayor de dignidad, libertad e integridad. Sin embargo esto no está garantizado, y el trabajo de cada generación es arrancar de raíz la mala hierba, trabajar y cosechar los beneficios y dejar la tierra lista para sus sucesores.

¿Seremos las generaciones que fueron conscientes la degradación de nuestras sociedades, mientras perdíamos el tiempo librando falsas guerras culturales inventadas para manipularnos y dividirnos? ¿O seremos miembros competentes de nuestras comunidades? Nunca tendremos futuro si no lo construimos con nuestras manos.

La esperanza no es lo último que queda, nos rodea día con día. La esperanza son los actos de apoyo mutuo, es el esfuerzo propio, de quienes nos precedieron y de quienes hoy están a nuestro lado.

No dejes que la discordia y las dificultades oscurezcan tu alma. Mantén la calidez en tu corazón y en tu espíritu para llegar a la vejez con el brillo de la alegría, y regala eso como herencia a los que vienen.

Nos han repetido que no tenemos futuro para que lo aceptemos resignados. Ahora nuestra ambición no es exigir ese futuro, sino crearlo nosotros mismos. Sin pedir permiso. Sin pedir disculpas.

El camino al paraíso que nos negaron es la preparación constante, la colaboración, la empatía y el coraje de hacer respetar la justicia.

¡Ciencia, solidaridad, humanidad y valentía!

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